FELICES VACACIONES

martes, 7 de octubre de 2014

TUTORÍA: "LEMA PASTORAL 2014/15"

Una familia de hermanos. ¿Te atreves?

Tenían una sola alma y un solo corazón
El lema de este año nos sitúa en el tuétano de la espiritualidad y el modo de vida de los agustinos recoletos: la comunidad. Bien podía cantar cada fraile, parafraseando a Amaral que Sin ti (comunidad), no soy nada. Se trata de centrar este año la atención en el aspecto comunitario en lo que significa un día a día en el que se hace vida la frase agustiniana que acompaña el cartel: Tenían una sola alma y un solo corazón.


El árbol corazón
A primera vista resulta impactante. El inmenso corazón rojo impide que nos distraigamos demasiado. Pero si seguimos mirando podemos apreciar que se trata de un árbol con una copa especial. Más aún, el suelo está lleno de hojas del mismo color. Por otra parte no está situado en una llanura sino en un alto y el cielo no es azul del todo aparecen algunos nubarrones. Hecha la primera aproximación podemos ofrecer una interpretación de la imagen:
Teniendo en cuenta el contexto comunitario, al que nos remite el lema, nos encontramos con una comunidad de hojas coronando un tronco, no muy elevado pero sí lo suficiente para poder contemplar un horizonte diferente donde brilla el sol, donde todo se ve más claro, donde también hay mucha más amplitud, donde sopla el viento, donde puede respirarse de otra manera, con otro aire. Digamos que un grupo de entre las hojas del suelo ha decidido “elevarse” un poco para “dirigirse más a Dios”. No lo han hecho deforma uniforme sino en pequeños grupos. Además no es algo opaco, cerrado, hermético puede verse el horizonte. Las hojas no están flotando sino unidas, a un tronco (un solo corazón y una sola alma) cuyas raíces están hundidas en la realidad, en el día a día. Las ramas, cada una en su tamaño, son las distintas comunidades. Por último, el color rojo nos transmite vitalidad, pasión, fuerza.


Quizá pueda pensarse que esta es un interpretación un tanto elitista pero nada más lejos de la intención. Nosotros, los agustinos recoletos, frailes y laicos, hemos elegido un modo de vida diferente, ni mejor ni peor, basado en el compartir en la comunidad. Un gran corazón que con cada latido pretende servir a la sociedad de hoy y ofrecer una alternativa desde donde parece que se puede ver otro horizonte un poco más despejado, sin que eso signifique que no aparezcan de vez en cuando nubarrones y tormentas. Algunas hojas caen, “marchan” porque quizá no se sienten a gusto o buscan otra forma de vida que los llene más. Lo triste es si alguien se marcha porque no hemos sido lo suficientemente acogedores.


Una verdadera comunidad
Las Constituciones de los Agustinos Recoletos afirman en el número 18:«Entre los miembros de la comunidad reina una amistosa convivenciaen Cristo: todos los hermanos fomentan en diálogo abierto la confianza mutua, socorren a los enfermos, consuelan a los desanimados, se alegran sinceramente de las cualidades y triunfos de los demás como si fueran propios,se complementan y unen sus esfuerzos en la tarea común y cada uno encuentra su plenitud en la entrega a los demás. En la práctica de la vida común todos se muestran contentos de su vocación y de la compañía de los hermanos, de modo que de la comunidad fluye por doquier el buen olor de Cristo».
Quizá este texto merezca la pena ser rumiado y transportado a la realidad que vivimos cada día, en “nuestra rama” en la sala de profesores, en los pasillos, en las aulas, despachos y demás dependencias, para ver qué es lo que nos falta y lo que nos sobrapara lograr este ambiente en el que somos capaces de preocuparnos unos de otros, de crecer juntos. Un solo corazón, que no se ahoga en una única relación hasta hacerla exclusivista, favorece la comunidad creando lazos de respeto sagrado, sinceridad, creatividad, sin ocultar los defectos, pero tampoco exhibirlos, sino para mejorar; fidelidad mutua. Pretender que todos tengamos la misma relación en una comunidad, la misma confianza, idéntica confidencia, etc… sería ahogar toda posible amistad. La uniformidad es una caricatura irreal de la vida concreta de cada día y una reducción de la riqueza personal al molde común impersonal. La disponibilidad es el mejor termómetro del compromiso comunitario.
Ejercitar la comprensión



Esencial en estos tiempos que nos toca vivir y para no “caer” del árbol es desterrar (a ratos) el “yo quiero”, “yo busco”, “me gusta”, “me llena…” y conjugar más amenudo el “sentimos”, “necesitas”, “esperas”, “¿quieres?” Intentar ponernos en el lugar de quien tenemos cerca –en la piel de mi madre, enlos problemas de mi hermano, en las dudas de mi pareja, en la tristeza de quien pide a la puerta de la iglesia, en la tragedia de mi alumna por quien sus padres disputan paralibrarse de ella; en la incertidumbre de ese profesor que tantea tirar la toalla; en la locura adolescente de mis alumnos, en la soledad de quien está malhumorado…
Tratar de comprender inquietudes y anhelos que no son los míos, luchas en las que no participo. Tender puentes, para ir tejiendo una maraña de relaciones en la que los límites entre tú y yo, nosotros y vosotros, lo mío y lo de todos, cada vez queden más difuminados. Por desgracia, por falta de comprensión, parece que se rompen los puentes queunen nuestras orillas: una bronca, una mala palabra, alguien que te falla –o a quien fallas…



La vida es, en todo caso, una interesante escuela para no convertir las distancias en abismos insalvables siempre y cuando tengamos claro que “la perfección no existe” Esa es una verdad de la condición humana. Pero, ¿La llegamos a aceptar en nosotros y en los demás?¿Vivimos pacíficamente nuestras limitaciones, nuestros defectos morales, psicológicos y físicos? ¿Y los de los demás? Sufrimos más de la cuenta negando o intentando buscar en nosotros y en los seresqueridos, y no tan queridos, una anhelada perfección que nunca llegará. Por eso, a menudo, podemos descubrirnos mirándonos a nosotros mismos desde una mirada exigente,crítica, dura. Una mirada impositiva que juzga y desprecia lo que somos. Y desde ahí nopodemos ofrecer otra mirada hacia los demás que la misma que tenemos con nosotros mismos. Y esas miradas no construyen, asfixian, agobian y parece que nunca damos la talla, que nunca llegamos a lo que se espera de nosotros.



Todos tenemos experiencias de ese tipo de miradas y sabemos bien el efecto que produce en nosotros. Sin embargo, qué distinta es esa otra mirada que es comprensiva, llena de ternura, de perdón y compasión ante nuestras miserias. Cómo nos sana cuando, reconociendo que hemos metido la pata, encontramos en el otro acogida incondicional. Seguro que también tenemos experiencias en nuestra vida de este tipo de miradas y sabemos bien cómo nos ayudan a ser más humanos. Me parece que es muy sanador tener la valentía de reconocer nuestra condición limitada, débil, frágil. Hacer un repaso por nuestra vida y mirar esa realidad que no nos gusta de nosotros, que nos avergüenza. Reconocerla delante de esos ojos que sólo ofrecen perdón gratuito, acogida sin condiciones, aceptación sin límites.





 Creo que sólo desde ahí podremos llevar a este mundo un poco de ternura, de cariño, de comprensión. Sólo desde ahí nuestra mirada será más humana y más llena de amor con nosotros mismos y con los demás. Y sólo esa mirada es la única que nos revela la verdad de nuestra vida.
Un peligroso gas: yodóxido de mimismo
Susanita, la amiga de Mafalda, ha entrado en los elencos de frases celebres con esta, que como casi todas, está llena de miga: “Amo a la humanidad. lo que me revientaes la gente”.Lo cierto es que el yodóxido de mimismo, el gas del individualismo está más presentede lo que nos gustaría en la atmósfera de la sociedad en que vivimos, donde estáplantado nuestro árbol, en la atmósfera de nuestros colegios y de nuestros claustros. Se puede hablar de dos individualismos: el del egoísta que busca solamente su interés independiente del bien común, de lo que suceda en su entorno. “Cumplo con mitrabajo y listo”; “A mí me pagan por dar clase, el resto no es competencia mía”. El otro tipo de individualismo se refiere a aquellas personas poco comunicativas, reservadas, escurridizas a las relaciones, ensimismadas en sus tareas o sus “mundos”. Conocemos compañeros centrados en sí mismos, sin mirar a su alrededor, muchas veces no por mala voluntad si no por una forma de ser que quizá no se ha cuidado para facilitar que se integre. Esto no tiene nada que ver con la intimidad personal, necesaria en todas las relaciones humanas ya sean de pareja, laborales, comunitarias. Cada cual necesita sus espacios.
Dirigidos hacia Dios
No hace falta pasar el día rezando para estar “orientados hacia Dios”. Lo importante es que nuestro GPS vital no pierda las coordenadas del horizonte de sentido que aporta la vida comunitaria donde la verdad se descubre en el compartir.






(Roberto Sayalero Sanz)







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